La Epidemia Silenciosa

En las últimas décadas, el mundo ha sido testigo de un cambio epidemiológico silencioso pero alarmante: El aumento constante de la obesidad y el sobrepeso entre la población mayor. Este fenómeno, lejos de ser simplemente una cuestión estética, representa una seria amenaza para la salud pública y el bienestar de millones de personas en todo el mundo. Desde los países desarrollados hasta los que están en vías de desarrollo, esta tendencia desafiante está dejando una marca profunda en la salud y la calidad de vida de las personas mayores.

Causas

Según la revista Reciamuc edición treinta y dos y los autores Segarra et al. La obesidad y sobrepeso entendido como el desequilibrio energético que se genera entre calorías consumidas  y  gastadas.  O  como  lo  indica el (Department of health of the Government of Western Australian, 2022) : “Con el tiempo, si las personas comen y beben más de lo que el cuerpo necesita y utiliza en las actividades diarias, esta energía adicional se almacenará en forma de grasa.” Página 323.

Uno de los factores que contribuyen a la epidemia de obesidad entre los adultos mayores es el cambio en los estilos de vida. Con el aumento de la urbanización, la globalización y la disponibilidad de alimentos procesados y altos en calorías, las dietas tradicionales y saludables se han visto desplazadas por opciones más convenientes, pero menos nutritivas. Además, muchos adultos mayores experimentan cambios en su metabolismo y composición corporal a medida que envejecen, lo que puede hacer que sea más difícil mantener un peso saludable. La disminución de la actividad física debido a limitaciones físicas, jubilación o falta de acceso a entornos seguros para el ejercicio también contribuye al problema.

La soledad y el aislamiento social también pueden desempeñar un papel importante en el desarrollo de la obesidad entre los adultos mayores. Muchas personas mayores experimentan pérdidas significativas en sus vidas, ya sea la muerte de amigos y familiares, el retiro laboral o la incapacidad para participar en actividades sociales debido a problemas de movilidad o salud. En ausencia de una red de apoyo sólida, es fácil caer en patrones de alimentación poco saludables como una forma de hacer frente al estrés y la depresión.

Abordar la epidemia de obesidad en la población mayor requiere un enfoque multifacético que tenga en cuenta tanto los factores individuales como globales. En primer lugar, es crucial educar a los adultos mayores sobre la importancia de una dieta equilibrada y la actividad física regular. Los programas de educación nutricional y los grupos de ejercicio adaptados a las necesidades de la tercera edad pueden ser herramientas efectivas para empoderar a las personas mayores a tomar decisiones saludables y mantener un peso adecuado.

Además, es fundamental abordar los determinantes sociales de la salud que contribuyen a la obesidad en la población mayor. Esto incluye garantizar el acceso a alimentos saludables y asequibles, especialmente en áreas urbanas y rurales marginadas, así como crear entornos sociales que fomenten la actividad física y el bienestar social. Los programas de apoyo emocional y social también pueden desempeñar un papel importante en la prevención y el tratamiento de la obesidad entre los adultos mayores, al proporcionar un sentido de pertenencia y conexión que puede ayudar a mitigar la soledad y el estrés.

Para abordar eficazmente la epidemia de obesidad en la población mayor, se necesita un enfoque más amplio a nivel político y estructural, incluidas las intervenciones a nivel individual y comunitario. Esto incluye políticas para fomentar entornos alimentarios más saludables, regulaciones para la publicidad de alimentos dirigida a personas mayores y medidas para mejorar el acceso a la atención médica preventiva y de tratamiento para la obesidad y sus complicaciones.

Fórmulas a tener en cuenta con el sobrepeso y otras enfermedades

Obesidad y diabetes

La diabetes tipo 2 y la obesidad están estrechamente interrelacionadas, formando un preocupante vínculo que afecta la salud de millones de personas en todo el mundo. La obesidad es un factor importante de riesgo para desarrollar diabetes tipo 2, ya que el exceso de grasa corporal puede impedir que el cuerpo utilice la insulina de manera efectiva, lo que resulta en niveles elevados de azúcar en la sangre. La diabetes tipo 2 a su vez puede empeorar la obesidad al hacer más difícil controlar el peso y aumentar el riesgo de complicaciones metabólicas. Este ciclo peligroso enfatiza lo crucial que es abordar de manera integral tanto la obesidad como la diabetes tipo 2 a través de cambios en el estilo de vida, una dieta saludable y un manejo cuidadoso de la glucosa en sangre.

Obesidad y enfermedades cardiacas

La obesidad es un factor de riesgo bien establecido para el desarrollo de enfermedades cardíacas, incluidas la enfermedad coronaria, la hipertensión y la insuficiencia cardíaca. El exceso de grasa corporal puede desencadenar una serie de cambios fisiológicos adversos, como el aumento de los niveles de colesterol y triglicéridos en sangre, la resistencia a la insulina y la inflamación crónica, todos los cuales contribuyen al daño de los vasos sanguíneos y al deterioro de la función cardíaca. Además, la obesidad también puede aumentar la carga sobre el corazón al provocar hipertensión arterial y sobrecargar el sistema cardiovascular. Estos factores combinados hacen que las personas obesas sean mucho más susceptibles a sufrir eventos cardíacos graves, como ataques al corazón y accidentes cerebrovasculares, subrayando la importancia crítica de abordar la obesidad como parte integral de la prevención y el manejo de las enfermedades cardíacas.

Obesidad y Cáncer

Estas patologías cancerígenas de nuestros adultos mayores con cáncer de esófago, páncreas, colón, recto, mama, endometrio, riñón y vesícula biliar junto con el sobrepeso deben tener toda nuestra atención. Esta relación entre la obesidad y el cáncer destaca la importancia de intervenir temprano con estrategias de prevención y manejo del peso para reducir la carga de esta enfermedad en la población mayor como por ejemplo cambios inmediatos en los alimentos que se consumen a diario.

Obesidad y depresión

La obesidad en adultos mayores está estrechamente vinculada a un mayor riesgo de depresión y trastornos del estado de ánimo. El peso excesivo puede desencadenar sentimientos de baja autoestima, aislamiento social y ansiedad, que son factores de riesgo conocidos para la depresión. Además, las dificultades físicas asociadas con la obesidad, como la movilidad reducida y el dolor crónico, pueden generar un círculo vicioso de deterioro de la salud mental. A su vez, la depresión puede llevar a hábitos alimenticios poco saludables y falta de actividad física, exacerbando aún más el problema de la obesidad. Esta compleja relación entre la obesidad y la depresión destaca la importancia de abordar tanto la salud física como la mental en la población mayor, a través de intervenciones integrales que promuevan un estilo de vida activo y una salud emocional positiva.

Obesidad y enfermedad respiratoria

La obesidad en adultos mayores está estrechamente ligada a una mayor incidencia de enfermedades respiratorias, como la apnea del sueño, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y el asma. El exceso de tejido adiposo puede ejercer presión sobre los pulmones y las vías respiratorias, lo que dificulta la respiración normal y aumenta el riesgo de desarrollar condiciones respiratorias crónicas. Además, la obesidad está asociada con la inflamación sistémica y los cambios en la mecánica respiratoria, lo que puede empeorar los síntomas de enfermedades respiratorias preexistentes. Esta interacción entre la obesidad y las enfermedades respiratorias subraya la importancia de abordar la obesidad como parte integral del manejo de la salud respiratoria en la población mayor, a través de estrategias que promuevan la pérdida de peso y el control de los factores de riesgo relacionados.

Obesidad, memoria y función cognitiva


La obesidad en adultos mayores está asociada con un deterioro cognitivo y un mayor riesgo de problemas de memoria. La acumulación de tejido adiposo en el cuerpo puede desencadenar procesos inflamatorios crónicos que afectan negativamente al cerebro, comprometiendo su función cognitiva. Además, la obesidad se ha relacionado con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer y la demencia vascular. Los adultos mayores con obesidad pueden experimentar dificultades en la memoria, el aprendizaje y la toma de decisiones, lo que afecta su calidad de vida y su independencia. Esta conexión entre la obesidad, la memoria y la función cognitiva resalta la importancia de adoptar medidas preventivas y de control del peso en la población mayor para preservar la salud del cerebro a lo largo del tiempo.

Obesidad y trastornos musculoesqueléticos 

La obesidad en adultos mayores está estrechamente relacionada con una mayor incidencia de trastornos musculoesqueléticos, como la osteoartritis, la degeneración discal y la lumbalgia crónica. El exceso de peso corporal ejerce una carga adicional sobre las articulaciones y la columna vertebral, lo que puede provocar un desgaste prematuro de los cartílagos, huesos y tejidos blandos. Además, la inflamación crónica asociada con la obesidad puede contribuir a la progresión de estos trastornos musculoesqueléticos, exacerbando el dolor y la discapacidad. Los adultos mayores con obesidad enfrentan desafíos adicionales en la gestión del dolor y la movilidad, lo que puede afectar su calidad de vida y su capacidad para realizar actividades cotidianas. Esta interacción entre la obesidad y los trastornos musculoesqueléticos destaca la importancia de abordar la obesidad como parte integral del manejo de la salud musculoesquelética en la población mayor, a través de estrategias que promuevan la pérdida de peso y la rehabilitación física adecuada.

Para finalizar, la obesidad y el sobrepeso entre la población mayor representan un desafío de salud pública cada vez mayor en todo el mundo. Sin embargo, con un enfoque integral que aborde los factores individuales, sociales y estructurales que contribuyen al problema, es posible revertir esta tendencia preocupante y mejorar la salud y el bienestar de las personas mayores en todo el mundo. Es hora de reconocer la urgencia de esta crisis silente y tomar medidas decisivas para abordarla antes de que sea demasiado tarde.

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    <a href='https://www.depencare.com/autor/miguel-mateos-beltran'>Miguel Mateos Beltrán</a>
    Nº Colegiado 2828 41033 ICOMEM (Ilustre Colegio Oficial de Medicos de Madrid)
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    Licenciado en medicina y cirugía por la prestigiosa Universidad de Salamanca. Especialista en Medicina de Familia con más de 34 años de experiencia en Medicina Familiar y Comunitaria, diplomado en Orientación Familiar.  Además, diplomado en Dietética y Nutrición humana.