Conocer qué es la amiloidosis cardiaca en ancianos te puede ayudar a abordar mejor el problema y, por tanto, a hallar un tratamiento adecuado que, por lo menos, intente dar un mayor bienestar al enfermo. Gracias a la evolución que ha experimentado la medicina en los últimos años, se ha hecho posible llegar a este diagnóstico que tiempo atrás solía pasar desapercibido. Por suerte, observar cierta sintomatología, además de programar los estudios clínicos específicos, consigue encontrar esta enfermedad o, en su caso, descartarla.

¿Qué es la amiloidosis cardiaca?

Para empezar, debes comprender en qué se basa la amiloidosis y cómo esta puede afectar a cualquier órgano del cuerpo, debido a diferentes motivos. No es una enfermedad común, aunque un importante sector de la población de adultos mayores puede presentarla por los motivos que más adelante te explicamos.

La amiloide es una proteína que no es normal tenerla en el organismo. Esta se puede ir acumulando por diversas circunstancias, pudiendo afectar a todos los órganos de nuestro cuerpo, hasta el punto de dificultar sus funciones y poner en riesgo nuestra vida.

¿Por qué se forma la amiloide?

Esta proteína extraña para nuestro cuerpo llega a crearse a través de otras proteínas que sí son propias en el mismo. El desencadenante de esta formación puede deberse a diversas enfermedades, entre las que destacan las de origen hereditario.

En el caso de afectación cardiaca, puedes encontrar la amiloidosis AL, que suele ser de afectación mayoritaria y que, además, puede poner en riesgo otros órganos como los riñones, el sistema nervioso y el hígado.

Volviendo al caso hereditario, podemos observar cómo la proteína transtiretina, que se produce en el hígado, puede desencadenar la amiloide, afectando a varios órganos, incluyendo al corazón.

Si hacemos hincapié en la transtiretina, veremos la amiloidosis salvaje o, también conocida, senil. Esta es común a partir de los 70 años y se puede detectar por un conjunto de síntomas que te mostraremos con más detenimiento más adelante. Puede decirse de ella que sus causas no siempre son del todo claras aunque, por suerte, es más sencillo en la actualidad de detectar esta enfermedad.

¿Por qué se produce esta enfermedad y cuáles son los factores de riesgo?

Estudios médicos nos señalan que existen distintos factores de riesgo por los que una persona puede contraer esta enfermedad. Uno de ellos es la edad, pero existen casos en que puede iniciarse tempranamente y no notarse los primeros síntomas hasta, aproximadamente, los 60 años.

En cuestión de género, existen un mayor número de casos en hombres con respecto a las mujeres. Asimismo, se encuentra un porcentaje bastante alto en personas de origen africano.

Entre los motivos de padecer este problema, la herencia genética juega un papel muy importante, y aún sigue en estudio. Las enfermedades inflamatorias parecen ser otras causantes de la aparición de la amiloide. Infecciones derivadas de diversas patologías también pueden provocar amiloidosis cardiaca.

Pacientes que suelen realizarse diálisis renal han mostrado una mayor probabilidad de presentar esta proteína, especialmente cuando se han sometido a técnicas del pasado, ya que las más modernas han conseguido evitar su aparición.

¿Cómo actúa la amiloidosis en el corazón?

Cuando la amiloidosis afecta al órgano cardiaco se la suele denominar como síndrome del corazón rígido, debido a la invasión que realizan en el mismo. En este sentido, dificulta todas las señales eléctricas que debe transmitir este órgano para su correcto funcionamiento.

Cuando la amiloide ha invadido el corazón es posible que observes arritmia, además de ciertos bloqueos, que dificultan el ritmo cardiaco, comprometiendo la vida del paciente.

Además de comprobarse un ritmo inusual en el corazón, también puedes observar en los pacientes otros síntomas, como una frecuente micción, que suele hacer su aparición durante la noche, palpitaciones, inflamación de las extremidades, una mayor fatiga ante actividades menores, etc.

Evaluar el grado de enfermedad en cada paciente nos puede ayudar a determinar el medicamento más preciso para él. Años atrás, los primeros síntomas de esta enfermedad nos indicaban un trastorno difícil de tratar, que no ofrecía buenas expectativas de vida. En la actualidad, disponemos de algunas posibilidades para dotar al enfermo de un pronóstico más favorable, a pesar de que no se consiga vencer completamente la amiloidosis.

Una vez que te hemos acercado a la base de esta enfermedad, es el momento de centrarnos en sus repercusiones en la población de adultos mayores. En este caso, nos vamos a referir a la amiloidosis cardiaca senil, también llamada médicamente de tipo salvaje, por implicar un origen desconocido.

¿Qué es la amiloidosis senil?

La amiloidosis senil conlleva todo lo que te hemos explicado anteriormente, con el detalle de que aparece en una población mayor, en torno a los 60 años. Podemos advertir que por esta edad suelen darse los primeros síntomas, cuando el problema está bastante avanzado, aunque no todos los pacientes exteriorizan las mismas consecuencias.

Hablar de amiloidosis en la población senil es hablar de insuficiencia cardiaca. Años atrás, cuando no se encontraban motivos de esta afectación en el corazón, se asociaba el problema a una cuestión de edad avanzada. Ahora sabemos que es provocada, en algunos casos, por otras comorbilidades, como pueden ser la diabetes o la hipertensión.

Actualmente se sabe que la proteína culpable de este tipo de amiloidosis salvaje es la transtiretina, que podemos encontrarla en las funciones del hígado. Con esto se puede descartar por completo el origen hereditario de esta enfermedad, especialmente tras la aparición en el paciente senil.

En el caso senil, afecta de manera exclusiva al corazón, no viéndose la presencia de la proteína amiloide en otros órganos. Por otro lado, sí son perceptibles las afectaciones a los nervios periféricos, en los que puedes detectar las consecuencias de un fallo cardiaco progresivo.

¿Qué otros síntomas puedes ver en un paciente senil?

Repasemos los otros síntomas visibles en los adultos mayores que se han visto afectados por la proteína amiloide en el órgano cardiaco. Así, además contar con posibles trastornos que afectan su movimiento, como la aparición de una fatiga inusual o la falta de aire en posición acostada, también son normales las inflamaciones y, por tanto, la retención de líquidos, ante la falla cardiaca.

En función a la gravedad en cada paciente, la intensidad de su cansancio puede variar, así como la sensación de falta de aire ante cualquier esfuerzo. Por otro lado, está el hormigueo, típico en las extremidades, que además produce dolor y entumecimiento, especialmente en el área de las manos y los pies.

El síndrome del túnel carpiano, que suele representarse con dolor en las muñecas, también compromete la musculatura de la zona, siendo visible su deterioro para el especialista médico.

No todos los casos presentan los mismos síntomas, pero es característico encontrar en algunos pacientes la lengua especialmente agrandada y, a veces, con pequeñas ondulaciones en su borde.

También pueden darse irregularidades en la flora intestinal, siendo habituales la diarrea que, en algunos casos, puede presentarse sanguinolenta, así como el estreñimiento. A esto se suma que el paciente llega a experimentar una disminución importante de su peso corporal, de hasta 5 kilogramos, si llegar a proponérselo.

Conforme el problema va avanzando, puedes observar el engrosamiento de la piel, así como la aparición de manchas que recuerdan a moretones. Seguramente el paciente se descubra estas máculas pensando que ha podido haberse golpeado, sin recordar ese momento.

Si miras al área de los ojos de una persona afectada por amiloidosis cardiaca, es posible que presente manchas púrpuras a su alrededor, que se mantienen por un largo periodo de tiempo.

A todo lo anterior, se pueden agregar la dificultar para digerir alimentos, concretamente para tragar, así como las arritmias cardiacas, que ya habíamos mencionado antes y que podrán distinguirse en diversos estudios clínicos e, incluso, en la toma de la presión arterial con un tensiómetro adecuado.

¿Qué pruebas médicas son aconsejables para el diagnóstico de esta enfermedad?

Con el fin de poder descartar otras enfermedades y lograr así un tratamiento adecuado, es necesario realizar ciertas pruebas médicas que detecten la proteína amiloide en el organismo.

Por un lado tenemos las pruebas de sangre y de orina, que permiten detectarla, aunque es posible que se requiera una biopsia para lograr el diagnóstico más preciso. Dado que en el caso del corazón la biopsia no es tan sencilla de realizar, se aconsejan las pruebas mediante imagen.

De esta forma, el ecocardiograma nos acerca a posibles lesiones cardiacas, que han podido ser producidas por la acumulación de la proteína amiloide en el órgano. Aunque si se prefiere un estudio más detallado, la resonancia magnética puede darnos una imagen más detallada del corazón.

A través de una resonancia por medio de contraste, en la que se inyecta en una vena un material radiactivo, permite analizar a detalle las áreas más afectadas, así como determinar el grado que ha alcanzado la enfermedad.

El electrocardiograma (ECG) permite detectar afectaciones ventriculares, que derivan en señales de bajo voltaje, siendo características de la amiloidosis senil. Pero si nos vamos a una de las técnicas más avanzadas, la tomografía por emisión de positrones (PET) consigue imágenes muy detalladas, que se optimizan a través de ordenadores especializados.

No es aconsejable intentar realizar un diagnóstico por medio de síntomas clínicos, al parecerse esta enfermedad a otras. Aunque la sintomatología nos puede acercar a un posible diagnóstico, se recomiendan los estudios expuestos, con el fin de ofrecerle al paciente un tratamiento más específico y, por tanto, más afectivo, que facilite un mayor bienestar al afectado.

Tratamiento de la amiloidosis cardiaca

Por un lado, está un tratamiento para intentar contrarrestar algunos de los síntomas que pueden agravar el cuadro del paciente. Así, si se establece una dieta adecuada, baja en sodio, se consigue que la hinchazón se reduzca en las extremidades, aminorando también el dolor de las mismas y el malestar generalizado.

La toma de diuréticos, siempre controlados por el especialista, puede ayudar al enfermo a desechar ese líquido acumulado, en caso de que tenga dificultades para ello. Hay que tener en cuenta también si el paciente ha experimentado un aumento repentino de peso. Este puede ser producto de esa acumulación de líquidos, que tendrá que controlarse médicamente.

Ante la aparición de fibrilación auricular, el especialista puede recetar betabloqueadores y antagonistas de calcio. Por otro lado, los anticoagulantes te permitirán una circulación sanguínea más fluida.

En algunos casos, en función de la acumulación de la proteína amiloide y su efecto sobre las células del organismo, puede aconsejarse la quimioterapia, que se usa como tratamiento del cáncer. Al parar el avance de células dañinas, que contengan esta proteína, es posible detener el daño generalizado que esta produce, especialmente cuando otros órganos están siendo afectados.

Un tratamiento llamado diflunisal controla las proteínas que tienden a depositarse en el torrente sanguíneo. Su meta es evitar que estas se conviertan en amiloide y se puedan trasladar a los diferentes órganos.

¿A qué cirugías podemos recurrir para detener el avance de la enfermedad?

Existen diversos procedimientos que pueden ayudar a combatir esta enfermedad. Uno de ellos es el trasplante autólogo de células madre, que se realiza a través de la sangre. Se recolectan estas células del mismo paciente para, después de un tratamiento con quimioterapia, volver a implantarlas a través de una vena. Este método será efectivo solamente si el paciente no presenta un daño importante en el corazón.

Por otro lado, un método más drástico consistiría en un trasplante del órgano afectado, en este caso el corazón. Aquí estaríamos hablando de un agravamiento importante de dicho órgano y, además, el enfermo tendría que depender de un donador completamente compatible.

En el caso de que la amiloidosis llegara a afectar a los riñones, está la posibilidad de practicar una diálisis, aunque este procedimiento no lograría acabar con el problema, no descartándose un trasplante de este órgano.

Como has podido ver, la amiloidosis cardiaca en ancianos es un problema que requiere de una atención especial. Actualmente tenemos la suerte de contar con estudios que pueden ofrecernos un diagnóstico preciso, a diferencia de años atrás, cuando los pacientes afectados no veían un remedio eficaz.

 

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