Ser un buen cuidador no es tarea fácil, independientemente de la persona a cuidar. Dedicarse a ayudar a las personas mayores y dependientes en su día a día puede suponer una gran recompensa a nivel personal, pero se requieren ciertas cualidades de partida que van más allá de la experiencia práctica.

Empatía

Dedicar la mayor parte del tiempo al cuidado de otra persona es una de las cosas más gratificantes que se puede hacer. Ser capaz de entender a la persona que se está cuidando, conocer sus problemas, dificultades y necesidades no solo hará más fácil la labor de cuidado, sino que sin duda mejorará la relación entre cuidador y paciente. La empatía es un gran aspecto de eso, y ser capaz de ponerse en el lugar de los demás y comprender que actúen de forma diferente, respetando y sin emitir juicios, sólo aumentará la calidad de la atención que se está brindando.

Paciencia

Hay muchos aspectos vinculados con la paciencia. Significa desacelerar, repensar los modos de comunicarse, prestar atención al momento presente, a lo que está sucediendo ahora mismo y darse cuenta en última instancia de que entre estímulo y respuesta hay un espacio, y en ese espacio está nuestro poder para elegir nuestra respuesta.

Resolución de problemas

En palabras de John Lennon, “La vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes” y en el trabajo de cuidador, esta cita alcanza su máxima expresión. Dependiendo del nivel de dependencia de la persona a cuidar, su carácter y las dinámicas diarias, la capacidad para resolver problemas del cuidador se deberá poner de manifiesto en mayor o menor medida. En cualquier caso, debe contar con “cintura” y flexibilidad mental para responder ante imprevistos.

La capacidad de resolver problemas es entendida como la habilidad para identificar un problema, estudiar las distintas alternativas y actuar de acuerdo a un plan, siendo flexible y creativo y con disposición para resolverlo.

Altruismo

Supone la disposición de la persona a actuar en favor de sus semejantes de forma desinteresada. Un cuidador altruista tenderá a ayudar a los demás cuando lo necesitan y a preocuparse activamente por el bienestar de los demás. Las personas con altos niveles de altruismo dan prioridad a las peticiones de otros dejando aquello que estén realizando en favor de los demás. A veces incluso, pueden encontrar un sentido a la vida si se comprometen con las necesidades ajenas.

Habilidades de comunicación

Para un cuidador sus habilidades de comunicación son clave en su día a día. Saber trasmitir los mensajes de manera efectiva a la persona cuidada y a sus familiares es un aspecto relevante para poder ofrecer un servicio de cuidado de calidad. Utilizar el tono, el mensaje adecuado y la comunicación no verbal correcta pueden ser la diferencia entre una relación cordial, agradable y próspera y una relación en la que pueda llegar a haber un desajuste entre ambas partes.

 

 

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