La anemia es un problema visible con cierta frecuencia en las personas mayores. De hecho, su prevalencia aumenta con la edad, lo que convierte el envejecimiento en un factor de riesgo para padecer esta patología. Es por ello importante cuidar de nuestros mayores y estar atentos para identificarla rápidamente y así tratarla lo antes posible.

 

¿Qué es la anemia?

 

La anemia es la carencia de glóbulos rojos sanos, que son los encargados de llevar el oxígeno por nuestro cuerpo. Esta carencia tiene como consecuencia la fatiga, debilidad y cansancio del cuerpo, entre otros síntomas.

 

Síntomas de la anemia

 

Los síntomas de la anemia pueden ser diferentes en función de las causas que veremos más adelante. Incluso es posible que no se presente ningún síntoma, pero los más habituales son los siguientes:

  • Fatiga
  • Debilidad
  • Palidez o piel amarilla
  • Ritmo cardiaco irregular
  • Dificultades para respirar
  • Mareos
  • Dolor torácico
  • Extremidades frías
  • Dolor de cabeza y vértigos
  • Inflamación o dolor en la lengua

 

Tipos de anemia

 

Anemia asociada a enfermedades crónicas

Es la anemia más habitual entre las personas mayores y suele ser un síntoma en sí misma de otras enfermedades como la artritis reumatoide, la insuficiencia renal crónica, infecciones urinarias, enfermedades hepáticas, etc.

Este tipo concreto de anemia no suele tener síntomas visibles, y para curarlo lo que debe hacerse es tratar la enfermedad que la causa.

 

Anemia ferropénica

Es el segundo tipo de anemia más frecuente, pero más común entre personas más jóvenes, aunque también se da en personas mayores.

Este tipo de anemia se da por un déficit de hierro que en el caso de las personas mayores puede deberse a una gastritis, hernia de hiato, úlcera o cáncer colorrectal.

Su tratamiento se centra en aportar hierro al organismo en forma de sulfato ferroso durante 3 a 6 meses. Además de este tratamiento, por supuesto también debe tratarse la afección que esté causando la anemia si es que existe.

 

Anemia megaloblástica

Se debe a la carencia de vitamina B12 o ácido fólico, y se trata de una anemia que puede aparecer con la dieta vegana si no se consume algún tipo de complemento con la vitamina B12. Si se da en las personas mayores, es frecuente tener que redefinir la dieta para aportar todos los nutrientes necesarios.

 

Anemia hemolítica

Se trata de una anemia vinculada a la destrucción de glóbulos rojos debido normalmente a enfermedades como la leucemia linfática crónica, el linfoma o el consumo de determinados medicamentos.

 

Factores de riesgo de la anemia

 

Dieta

Una dieta con carencias en hierro, vitamina B12 o ácido fólico pueden incrementar el riesgo de anemia.

 

Edad

La edad es un factor relevante ya que con el paso de los años puede haber un mayor número de problemas que puedan acabar desencadenando una anemia.

 

Menstruación

Las mujeres que no han pasado por la menopausia, al perder sangre regularmente pierden glóbulos rojos, pudiendo afectarles en forma de anemia.

 

Afecciones crónicas

El cáncer, la insuficiencia renal, la diabetes y otras enfermedades de tipo crónico pueden ser un riesgo y aumentar las probabilidades de sufrir anemia.

 

¿Qué hacer para recuperarse de la anemia?

 

Para recuperarnos de la anemia debemos conseguir que el oxígeno llegue correctamente a todas las partes de nuestro cuerpo, y para ello debemos aumentar la cantidad de hemoglobina que lo transporta en la sangre.

Una razón frecuente de esta carencia es la falta de hierro, por lo que lo primero que debemos hacer es aumentar la cantidad de hierro en nuestra dieta o incluso tomar suplementos si fuese necesario. Para ello podemos incluir en nuestra alimentación productos como: hígado, mejillones, anacardos o tofu.

También debemos incrementar la ingesta de vitamina C que ayuda a la absorción del hierro. Esto lo podemos hacer a través de diferentes tipos de frutas como la naranja, las mandarinas o piña.

Por último, debemos evitar el consumo de alimentos que puedan afectar a la absorción del hierro. Algunos de ellos son: el café. El chocolate, el alcohol. También debemos limitar el consumo de productos con mucho calcio, como los lácteos.

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